Lara, mi gata siamesa traviesa

Lara, es una gata siamesa que llegó a mi vida… iba a decir por casualidad pero … ¿tú crees que los acontecimientos que pasan en tu vida son por casualidad? Bueno, este no es el tema de este artículo pero sí me hace reflexionar que ella no llegó por casualidad a mi vida.

Soy Patricia de Portal Jardín y te cuento que he sido casa de acogida de animales durante bastante tiempo. Cuando llené el cupo de tener 3 mascotas adoptadas me di cuenta de que ya no podía albergar más mascotas en casa si quería atenderlas adecuadamente.

Previamente a que Lara llegara a mi vida tenía a Lia, una gata mestiza adoptada. También a Sofi, otra gata mestiza, en acogida temporal. Ambas se llevaban bastante bien y vivían en armonía.

Lia. Lara, la gata siamesa traviesa
Lía, mi gatita adoptada.
Sofi. Lara, la gata siamesa traviesa
Sofi, una gatita en acogida temporal.

Me llegó una llamada de auxilio para ver si podía acoger en casa a un perrito que tenía el comportamiento un poco alterado por pasar demasiado tiempo solo, primero en una finca y luego en una casa de acogida donde no tenían tiempo para atenderlo. Este perrito se llamaba Tommy y acepté darle cobijo temporalmente.

Lara, la gata siamesa traviesa
Tommy, un perrito en acogida temporal.

No contaba con que Sofi habría tenido algún tipo de trauma con perros porque al llegar Tommy a casa, Sofi -la tranquila  Sofi- se avalanzó sobre el perrillo, se trepó a su lomo y comenzó a morderle y arañarle como una verdadera fiera.

Inmediatamente cogí a Sofi del pellejo de su cuello y, separándola de Tommy, la encerré en una habitación.

Evalué las posibles alternativas y soluciones y llegué a una conclusión. Tommy no podía marcharse necesitaba estabilidad y no deambular de un hogar a otro. Sofi había llegado a casa hacía pocos días así que podría intercambiarla con otro gato de otra casa de acogida que también llevara poco tiempo instalado. Así no sería tan traumático el cambio.

Así fue como cambié a Sofi por Lara. Finalmente, Sofi fue felizmente adoptada por su casa de acogida.

Lara traía una historia en su mochila

Cuando vi a Lara por primera vez, pensé que duraría muy poco tiempo en casa porque era uno de los gatos más bonitos que me había tocado tener en acogida. Como pitonisa no me ganaría la vida porque pasaron 7 meses hasta que alguien se interesó por ella.

Lara, la gata siamesa traviesa

Lara llegó a casa como una gata consentida. Prueba de ello era su collar rosa de diseño con un cascabel. También tenía un transportín que no era precisamente del chino del barrio. Me contaron que la gatita había sido comprada en una tienda de mascotas y que habían pagado un precio un tanto excesivo por ella. A pesar de ello, su dueños la entregaron a la Protectora de Animales de La Rioja para que le buscaran otro hogar. El motivo era que la gata arañaba a su hija pequeña.

En un principio pensaba que mentían descaradamente porque era una gatita asustadiza y tímida, incapaz de morder o arañar. Tiempo al tiempo…. En cuanto Lara, cogió confianza empezó a hacer de las suyas. Tenía una energía arrolladora. Corría por toda la casa, trepaba, maullaba, destruía todo lo que tocaba y también arañaba y mordía sin motivo aparente.

Jugar para disminuir su agresividad

La que peor lo pasaba era mi gata Lía. Estababa acojonada, intimidada y sumisa. Le arañó tantas veces su ojitos verdes que al día de hoy sus ojos son moteados por los derrames que le provocaba.

La conclusión que yo había sacado era que su agresividad y torpeza se debía a la falta de sociabilización en la primer etapa de su vida. Al ser una siamesa tan vistosa seguramente había sido separada de su madre y hermanos a una edad demasiado temprana para ser metida en un escaparate de una tienda de animales.

Una de las formas efectivas para reducir su hiperactividad y su agresividad era mediante el juego. Después de una sesión intensa de juegos,  su agotamiento crecía mientras su ansiedad descendía. Y fue jugando y ganándome su confianza que poco a poco se fue puliendo su carácter.

Lara, la gata siamesa traviesa

Demasiado tiempo como casa de acogida

Muchas veces me cuestionaban que cómo era capaz de ser casa de acogida y no tentarme a adoptar a esos animales con los que convivía. Siempre contestaba lo mismo, lo que sentía y con gran convicción. Siendo casa de acogida salvo muchos más animales que adoptándolos. Porque puedo adoptar uno o dos pero acoger, he acogido a decenas hasta que logré encontrarles un hogar definitivo.

El problema de ser casa de acogida es que no puedes encariñarte demasiado con ninguna de tus mascotas temporales. Eso lo tienes que tener muy claro. Y otro problema es cuando una mascota de acogida permanece demasiado tiempo contigo. Este último es el caso de Lara.

Lara, la gata siamesa traviesa

Por fin quieren adoptar a Lara

Lara se había ido de vacaciones con nosotros a Huelva y estando allí recibí una llamada de la protectora diciéndome que había una persona interesada en ella. Ya estaba tan acostumbrada a que nadie preguntara por ella que casi había olvidado que la tenía en acogida temporal y no adoptada.

Así que quedé en ponerme en contacto con la futura adoptante a mi regreso de vacaciones. Afortunadamente la persona interesada ya tenía experiencia con gatos, en ese momento tenía uno y quería adoptar otro para que le hiciera compañía.

Cuando eres casa de acogida, el animal que vive contigo temporalmente, puede marcharse de un día para otro si es adoptado. En el caso de Lara había que hacer una excepción. Era uno de esos casos de animal trastornado y rehabilitado. Por eso era necesario que pasara por un período de adaptación. No se podía perder todo lo ganado en 7 meses por una decisión precipitada.

Lara y Lia Lara y Roly

Fue así que las condiciones para su futura adopción eran que la persona interesada se la llevara “a prueba” durante 1 semana para ver si se adaptaba.

No llegó a estar ni siquiera una semana fuera. Lara comenzó a hacer de las suyas. Corría por toda la casa como una endemoniada y maullaba a gritos. Su posible adoptante la tenía que coger con guantes de jardinería para que no le hiciera daño.

Obviamente tenía que volver ya a casa lo antes posible para no ir a peor.

Después de esa experiencia pensé que a Lara la tenía que adoptar. Después de todo el aprendizaje que pasamos juntas no podía volver hacia atrás. Era una mascota rehabilitada que en circunstancias desfavorables podría desaprender el camino andado.

Así que al día de hoy, mi Larita, la gata más lista y conversadora que conozco duerme conmigo todas las noches.


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